No es extraño ver a creativos -incluso de vasta trayectoria- ejerciendo sin título profesional, ya sea porque abandonaron estudios o se vieron obligados por fuerza mayor. Aun más, hay licenciados de otras carreras diseñando, dirigiendo Productoras, etc. ¿Son profesionales? ¿Puede considerarse legítima la manera en que ejercen, y hasta qué punto?
1) QUÉ DICE LA LEY
En primer lugar, que “muchos lo hagan” no es argumento válido desde el punto de vista legal. Como indica el Art. 2º del Código Civil chileno:
Art. 2. La costumbre no constituye derecho sino en los casos en que la ley se remite a ella.
Aun más específico es el Art. 213 del Código Penal chileno, cuando trata el asunto del ejercicio ilegal de una profesión (Título IV, Libro II, párrafo 8):
Sin embargo, hay una controversia que va más atrás, al concepto mismo de «profesional», cuya interpretación puede variar dependiendo de qué actividad o carrera hablemos.
2) ¿QUÉ ES SER «PROFESIONAL»?
Definición.de es una suerte de enciclopedia en línea que tiene el mérito de abordar las distintas aristas de un término, sin limitarse a la definición estricta, aunque tampoco la evade:
«Un profesional es quien ejerce una profesión (un empleo o trabajo que requiere de conocimientos formales y especializados). Para convertirse en profesional, una persona debe cursar estudios (por lo general, terciarios o universitarios) y contar con un diploma o título que avale los conocimientos adquiridos y la idoneidad para el ejercicio de la profesión.»
Esto despeja dudas, excluyendo a autodidactas, artesanos o técnicos de nivel superior (CFT) y admitiendo únicamente a Técnicos superiores (IP) o profesionales universitarios con grado académico de licenciado. Así, cualquiera que ejerza una profesión sin pertenecer a este último grupo (o sin haber obtenido el título profesional), lo haría en forma ilegal.
Sin embargo -y como en muchos ámbitos- la práctica suele contradecir a las definiciones teóricas (e incluso a la Ley). Prosigue la misma fuente:
«Las personas autodidactas logran muchas veces romper con las barreras establecidas por la sociedad acerca de cuáles son los requisitos para convertirse en un profesional. Si bien este fenómeno no se da en todos los ámbitos (no ocurre, por ejemplo, en la Medicina), muchos de los que toman la decisión de estudiar por sí mismos, sin acudir a centros de formación tales como facultades, conservatorios o profesorados, consiguen puestos de trabajo para los cuales se suele requerir un título o diploma. (…) El adjetivo profesional también hace referencia a la actividad que se lleva a cabo como profesión (en el sentido de que implica una retribución económica), y no como afición o pasatiempo.»
Así, las fronteras del concepto «profesional» se vuelven, para bien y mal, difusas. Aunque un párrafo de esta fuente aporta una valiosa advertencia:
«Cabe mencionar que en la mayoría de los casos sigue siendo necesario un título para ser admitido por ciertas empresas, con lo cual el camino de la formación independiente no siempre es el ideal.»
Fuente : grafiscopio.com/






